
Los asesinos del Brabante: la banda que aterrorizó Bélgica y se desvaneció en la leyenda
Entre 1982 y 1985, una banda fuertemente armada cometió 16 brutales asaltos por toda Bélgica, matando a 28 personas y robando prácticamente nada. Eran profesionales. Eran despiadados. Y nunca fueron atrapados.
Los llamaban la «Bende van Nijvel», la banda de Nijvel. Pero el nombre que prevaleció fue más simple y más escalofriante: los asesinos del Brabante.
Durante tres años de terror en la década de 1980, un grupo de hombres armados y sumamente entrenados ejecutó una serie de violentos asaltos armados por toda Bélgica que dejaron 28 muertos y a una nación paralizada por el miedo. Luego, tan repentinamente como habían aparecido, desaparecieron.
Cuarenta años después, Bélgica todavía no sabe quiénes eran —ni por qué mataban con una eficiencia tan despiadada.
El primer golpe: sangre en el supermercado
17 de septiembre de 1982. Un supermercado Delhaize en Beersel, en las afueras de Bruselas.
Tres hombres entraron con pasamontañas. No se limitaron a atracar el establecimiento: lo ejecutaron. Los testigos describieron la escena como una operación militar: movimientos coordinados, armamento profesional, cero vacilación.
En cuestión de minutos, dos personas yacían muertas. La banda se llevó 300.000 francos belgas (unos 7.500 dólares) —una cantidad que distaba mucho de justificar el nivel de violencia desplegado.
Ese patrón se repetiría dieciséis veces a lo largo de los tres años siguientes.
La anatomía del terror
Los asesinos del Brabante no eran criminales corrientes. Cada detalle de sus operaciones delataba un entrenamiento profesional:
Precisión militar Usaban escopetas de repetición y fusiles semiautomáticos. Sus movimientos estaban coordinados como los de una unidad táctica. Un tirador cubría la entrada, otro forzaba la caja registradora, un tercero controlaba a la multitud.
Violencia extrema No amenazaban: ejecutaban. A los cajeros que tardaban con la caja los disparaban en la cabeza. A los clientes que se movían demasiado despacio los abatían. A los encargados que dudaban los mataban al instante.
¿Y el detalle más perturbador? Con frecuencia disparaban a las personas después de completar el robo, mientras se marchaban.
Botín mínimo Su mayor botín no llegó a los 50.000 dólares. La mayoría de los asaltos les reportó solo unos pocos miles. Para una banda tan organizada, el dinero no tenía ningún sentido.
Aquello no iba de dinero. Era otra cosa.
El asalto más brutal: la masacre de Aalst
9 de noviembre de 1985. Otro supermercado Delhaize, esta vez en Aalst.
Era un sábado por la noche. El establecimiento estaba lleno de familias haciendo la compra semanal.
La banda llegó a las 20:05 horas. Lo que sucedió a continuación pasó a la historia como la peor masacre en tiempo de paz de Bélgica.
No se limitaron a atracar el supermercado: lo masacraron.
Ocho personas murieron. Un vigilante de seguridad. Una cajera. Una niña de 9 años a la que dispararon por la espalda mientras corría hacia la salida. Un cliente ejecutado mientras yacía en el suelo siguiendo órdenes.
Los testigos describieron a los asesinos como calmados, casi aburridos, mientras disparaban indiscriminadamente contra la multitud.
Botín total: 200.000 francos (5.000 dólares).
El país entró en estado de shock. Aquello ya no era un crimen: era terrorismo.
Las teorías: ¿quiénes eran?
Durante cuarenta años, investigadores, periodistas y conspiracionistas han intentado responder a una sola pregunta: ¿quiénes demonios eran los asesinos del Brabante?
Teoría 1: Delincuentes profesionales
La respuesta obvia: eran una banda de ladrones profesionales.
A favor:
- Armamento y entrenamiento de nivel militar
- Operaciones coordinadas
- Sin huellas dactilares, sin testigos que vieran sus rostros
En contra:
- El móvil económico no tiene ningún sentido
- La violencia era excesiva incluso para criminales endurecidos
- Sin conexión con redes de crimen organizado en Bélgica ni en el extranjero
Teoría 2: Terroristas de extrema derecha
Aquí es donde las cosas se oscurecen.
En los años ochenta, Bélgica —como buena parte de Europa— lidiaba con el extremismo de derechas. Algunos investigadores creen que los asesinos del Brabante formaban parte de una estrategia de tensión: ataques violentos diseñados para desestabilizar el gobierno y crear demanda de políticas autoritarias de «ley y orden».
A favor:
- La violencia era teatro político, no motivada por el lucro
- Varios miembros de la banda supuestamente tenían vínculos con grupos belgas de extrema derecha
- Un sospechoso, Robert Beijer, era policía con conexiones neofascistas
- Las armas utilizadas coincidían con las robadas de arsenales militares belgas
En contra:
- Ningún grupo reivindicó nunca la autoría
- No se formularon demandas políticas
- Los objetivos eran supermercados aleatorios, no instituciones gubernamentales
Teoría 3: Elementos renegados de las fuerzas de seguridad belgas
La teoría más oscura de todas: los asesinos eran policías o militares actuando al margen de cualquier estructura oficial.
A favor:
- La precisión y el entrenamiento sugerían un trasfondo militar o policial
- Varios sospechosos eran miembros en activo o exmiembros de la Gendarmería belga
- Los testigos describieron a uno de los pistoleros como calmado y profesional, como alguien acostumbrado a la violencia
- En 1997, una investigación parlamentaria concluyó que la policía pudo haber encubierto pruebas que vinculaban a las fuerzas de seguridad con los ataques
En contra:
- Resulta difícil creer que toda una banda de agentes de la ley pudiera guardar silencio durante cuarenta años
- Sin vinculación forense concluyente con ninguna persona concreta
El principal sospechoso: el Gigante
A lo largo de la investigación, una figura seguía apareciendo en los testimonios de los testigos: el Gigante.
Descrito como alguien de más de 1,80 metros con complexión atlética, era supuestamente el líder de la banda. Llevaba una escopeta de repetición y a menudo él mismo ejecutaba los disparos finales.
A finales de los años noventa, los investigadores pusieron el foco en Robert Beijer, un expolicía belga y guardia de seguridad que encajaba con la descripción.
Beijer tenía:
- Entrenamiento militar
- Conexiones políticas de extrema derecha
- Acceso a armamento
- Sin coartada para varios de los asaltos
Pero Beijer murió en 1989 —cuatro años después del último ataque— antes de que pudiera ser formalmente imputado.
En 2020 se realizaron nuevas pruebas de ADN sobre pruebas de los escenarios del crimen, pero no se encontró ninguna coincidencia definitiva.
El último ataque... y luego el silencio
9 de noviembre de 1985. La masacre de Aalst.
Después de aquella noche, los asesinos del Brabante no volvieron a actuar.
¿Por qué?
Posibles explicaciones:
- La banda se disolvió cuando el clamor público se volvió demasiado intenso
- Miembros clave murieron (Robert Beijer murió en 1989, otro sospechoso en un accidente de tráfico en 1986)
- Lograron lo que fuera que constituía su verdadero objetivo (si era la desestabilización política)
- Huyeron de Bélgica por completo
El caso frío hoy
Bélgica nunca ha dejado de buscar.
En 2017, el caso fue reabierto con nuevas tecnologías forenses. Se revisaron muestras de ADN, análisis balísticos y testimonios de testigos.
En 2021, los investigadores anunciaron que habían identificado varios nuevos sospechosos, pero no se realizó ninguna detención.
A fecha de 2026, el caso sigue oficialmente sin resolver.
Por qué sigue atormentando a Bélgica
Los asesinos del Brabante representan algo profundamente perturbador: la posibilidad de que la violencia organizada pueda golpear al azar, matar con impunidad y desaparecer sin consecuencias.
Para los belgas que vivieron los años ochenta, el recuerdo es visceral. Los supermercados —los lugares más seguros y mundanos que existen— se convirtieron en campos de matanza.
¿Y el hecho de que nadie fuera detenido nunca? Eso es lo que más duele.
Significa que los asesinos o bien murieron tranquilamente, sin pagar por sus crímenes, o bien —lo que es peor— siguen entre nosotros.
Llevando una vida normal. Quizás incluso trabajando en las fuerzas del orden.
Cuarenta años después, Bélgica sigue sin saberlo.
Balance final: 16 asaltos armados 28 muertos Más de 40 heridos Cero detenidos
Los asesinos del Brabante se salieron con la suya. Y Bélgica nunca lo ha olvidado.
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