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La desaparición de Percy Fawcett: el explorador que se esfumó en el Amazonas
18 abr 2026Casos sin resolver6 min de lectura

La desaparición de Percy Fawcett: el explorador que se esfumó en el Amazonas

En 1925, el legendario explorador británico Percy Fawcett se internó en la selva amazónica inexplorada para hallar una mítica civilización antigua. Él y su equipo nunca volvieron a ser vistos.

En abril de 1925, uno de los exploradores más famosos del mundo desapareció en la selva brasileña y se convirtió en leyenda. El coronel Percy Harrison Fawcett, oficial británico condecorado, topógrafo y veterano de múltiples expediciones al Amazonas, partió en busca de lo que él llamaba la Ciudad Perdida de Z, una civilización antigua que creía oculta en las profundidades de la selva. Nunca regresó. Tampoco su hijo Jack ni el amigo de este, Raleigh Rimmell, los dos jóvenes que marcharon junto a él.

Un siglo después, la desaparición de Fawcett sigue instalada en esa extraña tierra de nadie entre la historia y el mito. Ha inspirado libros, películas, teorías conspirativas y misiones de rescate que costaron más vidas. Los hechos básicos son conocidos. El desenlace, no.

Percy Fawcett no era un excéntrico con una brújula. Nacido en 1867, fue formado por la Real Sociedad Geográfica y se había labrado una reputación como uno de los exploradores más duros y competentes de su época. A partir de 1906 emprendió una serie de misiones topográficas en Sudamérica, especialmente en Bolivia y Brasil, donde aún se estaban trazando las fronteras nacionales. Estas expediciones lo pusieron en contacto con las duras realidades de los viajes por el Amazonas: enfermedades, hambre, terreno hostil, animales venenosos y el riesgo constante de encuentros violentos.

También lo convencieron de que el Amazonas escondía más de lo que los estudiosos europeos suponían. Por aquel entonces, muchos expertos occidentales daban por sentado que la selva tropical nunca habría podido sustentar sociedades grandes y sofisticadas. Fawcett no estaba de acuerdo. Recopiló tradiciones orales, estudió crónicas antiguas y se apasionó con las referencias a ciudades de piedra en ruinas en el interior. Un documento en particular, conocido como Manuscrito 512, describía las ruinas de una ciudad perdida supuestamente avistada en Brasil en el siglo XVIII. Fawcett no trataba esos informes como fantasías, sino como pistas.

Con el tiempo desarrolló la teoría de que en algún lugar de la región del Mato Grosso se hallaban los restos de una avanzada civilización antigua. La llamó simplemente «Z». Para Fawcett, Z no era solo un cebo para cazadores de tesoros. Era la prueba de que la historia aceptada estaba equivocada, de que Sudamérica había albergado en otro tiempo culturas urbanas complejas más allá de los imperios conocidos de los Andes.

Su obsesión creciente mezclaba la experiencia dura del trabajo de campo con la especulación, el espiritismo y el romanticismo imperial de la era de la exploración. Esa combinación lo hacía tan fascinante como controvertido. Sus admiradores lo veían como un visionario. Sus críticos veían a un hombre orgulloso tan seguro de su propio instinto que podía confundir la esperanza con las pruebas.

En 1925, Fawcett rondaba los sesenta años, pero creía que por fin estaba listo. Las expediciones anteriores le habían enseñado una lección crucial: los grupos numerosos atraían la atención, se movían despacio y eran más difíciles de alimentar. Esta vez viajaría ligero. La expedición estaría formada solo por tres hombres: el propio Fawcett, su hijo Jack, de 21 años, y el amigo de este, Raleigh Rimmell. Su ruta los llevaría desde Cuiabá hacia el interior, a una zona habitada por grupos indígenas y apenas conocida por los foráneos.

Fawcett era cuidadoso con lo que contaba al mundo. Temía que los rivales pudieran seguirle y atribuirse el descubrimiento. También era consciente del peligro. Antes de partir escribió cartas que, en retrospectiva, suenan a despedidas. En una de ellas advertía de que, si la expedición desaparecía, no debía enviarse ninguna misión de rescate. Era un consejo práctico, pero que también contribuyó al mito. Fawcett parecía intuir que la selva podría engullirlos sin más.

El avance de la expedición solo puede rastrearse hasta cierto punto. Llegaron a Cuiabá y continuaron hacia el este. Por el camino enviaron despachos que describían condiciones difíciles pero manejables. Su último mensaje confirmado fue escrito desde un lugar al que Fawcett llamaba el Campamento del Caballo Muerto, bautizado así a raíz de un incidente de uno de sus viajes anteriores en que su caballo había muerto años antes. En una carta fechada el 29 de mayo de 1925, informaba de que la expedición estaba de buen ánimo y avanzando hacia territorio inexplorado.

Esa fue la última noticia fiable que recibió nadie.

A partir de ahí, el rastro se disuelve en rumores. Algunas versiones decían que los hombres fueron asesinados por un grupo indígena tras ofender las costumbres locales. Otras apuntaban al hambre, las enfermedades, el ahogamiento o un accidente. También hubo teorías más extravagantes: que Fawcett decidió quedarse en la selva voluntariamente, que encontró una comunidad oculta y permaneció en ella, que enloqueció, o que había descubierto algo que alguien quería mantener en secreto. Ninguna de estas versiones llegó acompañada de pruebas suficientemente sólidas como para cerrar el caso.

Lo que empeoró el misterio fue el caos que siguió. Fawcett ya era famoso, y su desaparición desató una fascinación internacional. A lo largo de las décadas siguientes, numerosas expediciones de búsqueda se adentraron en la región con la esperanza de encontrarlo. Algunos buscadores murieron. Otros desaparecieron. Varios regresaron con testimonios contradictorios de comunidades locales. De vez en cuando se informaba del hallazgo de huesos humanos y surgían supuestas reliquias, pero la autenticación era débil, los relatos cambiaban y las pruebas sólidas seguían siendo esquivas.

Una de las afirmaciones posteriores más comentadas surgió en la década de 1950, cuando el explorador brasileño Orlando Villas-Boas informó de que miembros del pueblo kalapalo contaban que Fawcett había hecho caso omiso de sus advertencias y había seguido adentrándose en territorio peligroso, donde él y sus compañeros fueron asesinados. Villas-Boas llegó a obtener unos huesos que supuestamente pertenecían a Fawcett, pero el análisis forense indicó que no coincidían. El relato kalapalo puede contener alguna verdad, pero no resolvió el misterio.

Los historiadores modernos tienden a favorecer la explicación más mundana. La expedición de Fawcett probablemente murió no por fuerzas sobrenaturales ni por ciudades de oro, sino porque el Amazonas es implacable y ellos se internaron en él con un apoyo mínimo. Incluso un explorador enormemente hábil podía ser derrotado por una enfermedad, el cruce de un río, la escasez de alimentos o un único encuentro desastroso. El reducido tamaño de la expedición, que Fawcett creía que la protegería, también significaba que no había manos de repuesto, que no había margen para los heridos y que no había supervivientes que contaran la historia.

Sin embargo, reducir el caso a una desventura no le arrebata su poder. Fawcett desapareció en el preciso momento en que la vieja era de la exploración heroica chocaba con el escepticismo moderno. Representaba la última gran creencia victoriana de que los espacios en blanco de los mapas todavía podían albergar civilizaciones que reescribirían la historia. En ese sentido, la Ciudad Perdida de Z era real aunque Fawcett nunca encontrara una metrópolis de piedra literal. La arqueología de las últimas décadas ha demostrado que partes del Amazonas sí sustentaron grandes sociedades organizadas, con paisajes modificados, terraplenes y densas poblaciones. Fawcett puede haberse equivocado en los detalles, pero no del todo en el fondo.

Eso es lo que mantiene viva la historia. Percy Fawcett no era simplemente una persona desaparecida. Era un hombre persiguiendo una idea, una idea lo bastante plausible como para ser irresistible. Caminó hacia la selva convencido de que el mundo había ignorado algo vasto y antiguo. Luego la jungla se cerró tras él.

¿Murió pocos días después de abandonar el Campamento del Caballo Muerto? ¿Lo mataron personas que defendían su tierra de los intrusos? ¿Encontró indicios que lo alentaron a dar una última marcha fatal? Todavía no podemos responder. El Amazonas se guardó su respuesta.

Y eso, más de cien años después, es por lo que Percy Fawcett sigue siendo una de las grandes desapariciones de la historia: no porque fuera el primer explorador en desvanecerse, sino porque desapareció persiguiendo un misterio que la propia historia nunca ha resuelto del todo.

Respuestas rápidas

Preguntas frecuentes sobre este tema

¿Quién fue Percy Fawcett?

El coronel Percy Harrison Fawcett fue un oficial británico condecorado, topógrafo y veterano de múltiples expediciones al Amazonas a comienzos del siglo XX. En abril de 1925, con 57 años, partió junto a su hijo Jack, de 21, y el amigo de este, Raleigh Rimmell, en busca de lo que él llamaba la Ciudad Perdida de Z, una civilización antigua que creía oculta en lo profundo de la selva brasileña. Ninguno de ellos regresó.

¿Era real la Ciudad Perdida de Z?

Fawcett creía que la región del Mato Grosso escondía los vestigios de una avanzada civilización precolombina. Los historiadores consideraron durante mucho tiempo que era un mito romántico, pero la arqueología reciente —en particular los estudios LiDAR de la cuenca amazónica— ha revelado que partes de la selva sí albergaron grandes sociedades organizadas con paisajes modificados por el ser humano y densas poblaciones. Fawcett se equivocó en los detalles, pero en el fondo no andaba del todo desencaminado.

¿Cuál fue el último mensaje conocido de Fawcett?

Su última comunicación confirmada llegó desde el Campamento del Caballo Muerto el 29 de mayo de 1925, donde informaba de que la expedición estaba de buen ánimo y avanzando hacia territorio inexplorado. Después de eso, el rastro desaparece. Todos los rumores, avistamientos o «confesiones» posteriores de grupos indígenas han resultado inverificables o se han contradicho entre sí.

¿Qué ocurrió con las expediciones de búsqueda que rastrearon a Fawcett?

Fawcett era mundialmente famoso, y su desaparición desató una fascinación internacional. A lo largo de las décadas siguientes, numerosas expediciones de rescate se adentraron en el Mato Grosso, pero varios buscadores murieron y algunos desaparecieron ellos mismos. Algunos regresaron con testimonios contradictorios de comunidades locales, y de vez en cuando surgían supuestas reliquias, pero ninguna fue autenticada como perteneciente a Fawcett o a sus compañeros.

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