
El hombre de Somerton: el caso frío más misterioso de Australia
Una mañana de verano de 1948, un hombre sin identificar apareció muerto en una playa de Adelaida con un código críptico en el bolsillo. 75 años después, aún no sabemos quién era ni cómo murió.
El 1 de diciembre de 1948, un hombre bien vestido apareció desplomado contra un muro de contención en la playa de Somerton, en Adelaida, Australia. Su identidad, la causa de su muerte y el significado de las enigmáticas pistas halladas en su cuerpo se convertirían en uno de los misterios más perdurables de la historia.
Un cuerpo sin nombre
El hombre aparentaba tener unos cuarenta años, era de constitución atlética y medía aproximadamente 1,80 metros. Vestía un traje caro, llevaba los zapatos lustrados y no portaba identificación alguna. Todas las etiquetas habían sido cuidadosamente retiradas de su ropa, un acto deliberado que sugería que alguien quería que permaneciera en el anonimato.
Sus pertenencias eran igualmente desconcertantes: un billete de ferrocarril de segunda clase sin usar con destino a Henley Beach, un billete de autobús, cigarrillos (marca Kensitas, aunque el paquete contenía cigarrillos Army Club), cerillas, chicle y un peine. Sin cartera. Sin identificación. Nada que sugiriera quién era o de dónde venía.
La autopsia reveló más preguntas que respuestas. Su bazo estaba anormalmente agrandado. Su hígado presentaba signos de congestión. Su corazón mostraba posibles indicios de envenenamiento. Sin embargo, no se detectó ningún veneno en su organismo. La causa oficial de la muerte quedó registrada como «causas no naturales», una confesión burocrática de total desconcierto.
La maleta y el extraño código
Pocas semanas después del descubrimiento del cadáver, la policía relacionó una maleta sin reclamar en la estación de ferrocarril de Adelaida con el hombre fallecido. En su interior encontraron ropa con las etiquetas retiradas, un destornillador, tijeras, un cuchillo de mesa y material para estarcir. Un nombre —«T. Keane»— figuraba en algunos objetos, pero nunca se identificó a ningún T. Keane que coincidiera con la descripción.
Entonces llegó lo que parecía ser el gran avance. Durante un examen más exhaustivo del cuerpo, los investigadores descubrieron un pequeño trozo de papel enrollado escondido en un bolsillo secreto cosido en los pantalones del hombre. En él figuraban dos palabras: «Tamam Shud».
Estas palabras se rastrearon hasta una edición rara de Las rubaiyat de Omar Jayam, una colección de poesía persa. «Tamam Shud» se traduce del persa como «Ha terminado» o «El fin»: las últimas palabras impresas en el libro.
La búsqueda del libro se intensificó. Entonces se presentó un hombre del lugar. Había encontrado un ejemplar de Las rubaiyat en el asiento trasero de su coche sin cerrar, aparcado cerca de la playa de Somerton, aproximadamente en la época de la muerte. La última página estaba arrancada, y el desgarro coincidía a la perfección con el trozo hallado en el cadáver.
Pero el libro contenía algo aún más extraño. En su contraportada, alguien había escrito a lápiz una secuencia de letras:
WRGOABABD
MLIAOI
WTBIMPANETP
MLIABOAIAQC
ITTMTSAMSTGAB
¿Era un código? ¿Un cifrado? ¿Algo sin sentido? Criptógrafos, agencias de inteligencia y aficionados al misterio han dedicado décadas a intentar descifrarlo. A día de hoy, nadie ha determinado de forma concluyente su significado.
La enfermera y la teoría del espía
El propietario del libro condujo a la policía hasta una enfermera llamada Jessica Thomson (seudónimo utilizado para proteger su identidad). Al mostrarle un molde de escayola del rostro del fallecido, dicen que se alteró visiblemente, aunque negó conocerlo.
Jessica tenía conexiones que levantaron sospechas. Durante la guerra había trabajado con información militar sensible. Su número de teléfono estaba anotado en la contraportada del misterioso libro. Y, lo más intrigante, en 1945 había regalado un ejemplar de Las rubaiyat a un oficial militar llamado Alf Boxall.
Los investigadores pensaron inicialmente que Boxall podría ser el fallecido. Pero cuando lo localizaron, estaba muy vivo y conservaba su ejemplar del libro, intacto, con «Tamam Shud» sin arrancar.
Este descubrimiento no hizo sino ahondar el misterio. Si el fallecido no era Boxall, ¿quién era? ¿Por qué tenía un ejemplar distinto del mismo libro tan poco común? ¿Y cuál era su relación con Jessica?
El contexto de la Guerra Fría avivó la especulación. En 1948, Australia llevaba a cabo investigaciones nucleares secretas. Adelaida albergaba el campo de pruebas de cohetes de Woomera. La forma física del fallecido, la meticulosa eliminación de las etiquetas identificativas, el cifrado... ¿podría haber sido un espía?
La ciencia moderna se enfrenta a un misterio antiguo
Durante décadas, el hombre de Somerton reposó en un cementerio de Adelaida, con su tumba marcada únicamente con las palabras «VARÓN NO IDENTIFICADO». Pero en 2021, los investigadores exhumaron sus restos para realizarles pruebas de ADN.
En 2022, el profesor Derek Abbott anunció una conclusión asombrosa: el hombre de Somerton era con toda probabilidad Carl «Charles» Webb, un ingeniero electricista nacido en Melbourne que desapareció hacia 1947. El ADN de Webb coincidía con muestras obtenidas de sus descendientes vivos.
Pero incluso este avance plantea tantas preguntas como responde. ¿Cómo acabó un ingeniero electricista muerto en una playa a 700 kilómetros de su casa? ¿Por qué esa elaborada ocultación de identidad? ¿Y el código? ¿Y Jessica Thomson, quien según se dice confesó a su hija antes de morir que conocía la identidad del fallecido, pero que nunca la revelaría?
Las teorías
A lo largo de más de siete décadas, han surgido innumerables hipótesis:
Suicidio por un amor perdido: Webb supuestamente mantenía una relación con Jessica Thomson. Cuando ella lo rechazó, se quitó la vida. El «Tamam Shud» —«Ha terminado»— era su mensaje final.
Espía soviético: Webb era un agente soviético de cobertura profunda. Su muerte fue un asesinato o una autoeliminación para evitar ser capturado. El código era un cifrado de bloc de un solo uso.
Inteligencia británica: Webb trabajaba para el MI6 o para los servicios de inteligencia australianos. Su muerte estaba vinculada a operaciones de la Guerra Fría.
Sobredosis accidental: La explicación más sencilla: Webb tomó veneno, de forma intencionada o accidental, y los elementos misteriosos son coincidencias a las que hemos dado demasiado significado.
Por qué sigue perturbándonos
El caso del hombre de Somerton perdura porque combina los ingredientes del misterio perfecto: un cadáver sin identidad, un código críptico, una bella enfermera con secretos, intriga de la Guerra Fría y las pruebas justas para alimentar una especulación interminable sin llegar jamás a la certeza.
Incluso con una identificación probable, las preguntas centrales siguen sin respuesta. ¿Qué significaban esas letras? ¿Qué hacía Carl Webb en Adelaida? ¿Por qué necesitaba desaparecer?
Algunos misterios se resuelven con limpieza. Otros, como el del hombre de Somerton, nos recuerdan que la realidad no siempre ofrece finales ordenados. A veces, la única frase que encaja es la que se encontró en su bolsillo.
Tamam Shud.
Ha terminado... y sin embargo, de algún modo, nunca terminará.
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