
Las Tres de Springfield: Una triple desaparición que desafía toda explicación
En 1992, tres mujeres desaparecieron sin dejar rastro de una casa en Springfield, Misuri. Sin señales de lucha, sin petición de rescate, sin cuerpos. Más de tres décadas después, el caso sigue siendo uno de los más desconcertantes de Estados Unidos.
La mañana del 7 de junio de 1992, la ciudad de Springfield, Misuri, despertó ante un misterio que perseguiría a los investigadores durante más de tres décadas. Tres mujeres habían desaparecido de una modesta casa en East Delmar Street, dejando tras de sí casi todo lo que poseían: sus coches, sus bolsos y cualquier esperanza de una resolución rápida.
Una noche de celebración
La velada del 6 de junio había sido de júbilo. Suzanne Streeter, de 19 años, y su amiga Stacy McCall, de 18, acababan de graduarse en el instituto Kickapoo. Tras asistir a varias fiestas de graduación esa noche, las dos jóvenes decidieron cambiar de planes y no quedarse en casa de una amiga como tenían previsto. En su lugar, fueron a la casa de Suzanne, donde les esperaba su madre, Sherrill Levitt, de 47 años.
Sherrill era una estilista muy querida en su entorno que se había divorciado hacía poco. Vivía con su hija en una casa pequeña pero confortable. Según todos los indicios, madre e hija llegaron a casa sin incidentes esa noche. La luz del porche estaba encendida. La puerta, cerrada con llave. Todo parecía normal.
La mañana siguiente
Cuando las amigas intentaron contactar con Stacy y Suzanne a la mañana siguiente, nadie contestó el teléfono. A primera hora de la tarde, unas amigas preocupadas fueron a la casa de Delmar Street para comprobar cómo estaban. Lo que encontraron resultaba inquietante precisamente por su normalidad.
La puerta delantera estaba sin echar el cerrojo. El perro de la familia, un pequeño yorkshire terrier llamado Cinnamon, estaba agitado pero ileso. Los bolsos de Suzanne y Sherrill estaban en el suelo junto a la puerta, con el dinero en efectivo y las tarjetas de crédito intactos. Los dos coches de Sherrill estaban en la entrada. Las camas parecían haber sido dormidas. Un globo roto de la lámpara del porche yacía hecho añicos en el suelo junto a los escalones de la entrada.
Todo indicaba que las tres mujeres se habían acostado y luego habían dejado de existir.
Una escena del crimen contaminada
En un error catastrófico que marcaría la investigación durante años, las amigas que entraron en la casa no llamaron a la policía de inmediato. En su lugar, recogieron los cristales rotos de la lámpara del porche, suponiendo que los había tirado un gato. Contestaron llamadas telefónicas. Una de ellas incluso borró un mensaje del contestador automático, alegando después que contenía una llamada «obscena» de un desconocido.
Cuando la policía fue contactada por fin, habían pasado horas. La escena del crimen, si es que lo era, había quedado irremediablemente comprometida. Los investigadores describirían más tarde esa contaminación como uno de los aspectos más perjudiciales de todo el caso.
La investigación
La policía de Springfield trató inicialmente la desaparición como voluntaria. Que tres adultos se marcharan por propia voluntad, aunque extraño, no era imposible. Pero cuando los días se convirtieron en semanas sin ningún contacto, sin retiradas bancarias y sin avistamientos, la realidad quedó clara: algo terrible había ocurrido en aquella casa.
La lámpara rota del porche se convirtió en el elemento probatorio más debatido. ¿Era una señal? ¿El resultado de una lucha? ¿Un accidente? El mensaje borrado del contestador atormentó a los investigadores. ¿Qué contenía? La amiga que lo borró nunca pudo recordar bien su contenido; solo describía una voz «rara» o «amenazante».
Los detectives siguieron cientos de pistas. Investigaron al exmarido de Sherrill, a delincuentes locales e incluso a un ladrón de tumbas llamado Robert Craig Cox, un secuestrador con antecedentes penales que había dicho a sus amigos que las tres mujeres «nunca serían encontradas». Cox, que tenía una coartada que nunca se verificó del todo, se convirtió en el principal sospechoso, pero nunca fue acusado formalmente.
La teoría del aparcamiento
En 2007, la investigadora retirada Kathee Baird presentó una teoría que captó la atención nacional. Creía que los restos de las mujeres podrían estar enterrados bajo un aparcamiento del Cox Medical Center, construido poco después de la desaparición. Los sondeos con radar de penetración terrestre arrojaron resultados ambiguos: mostraban anomalías en el hormigón que podían indicar restos enterrados o simplemente irregularidades en la construcción.
El hospital se negó a autorizar excavaciones sin pruebas más concluyentes. A día de hoy, el aparcamiento sigue en pie como monumento a la incertidumbre, con su cimentación albergando quizá la respuesta al mayor misterio de Springfield.
Sospechosos y teorías
Además de Robert Craig Cox, los investigadores examinaron a otros varios sospechosos. Dos hombres vinculados al tráfico local de drogas fueron sometidos a escrutinio después de que un informante en prisión afirmara que habían confesado el crimen. La teoría sugería que los hombres habían apuntado a Suzanne por una deuda relacionada con las drogas, convirtiéndose Sherrill y Stacy en víctimas colaterales.
Otra teoría apuntaba a un depredador en serie que operaba en la región de los Ozarks. Varias mujeres habían desaparecido en la zona a principios de los años 90, lo que llevó a algunos a preguntarse si las Tres de Springfield fueron víctimas de un patrón y no de un crimen aislado.
Larry DeWayne Hall, un asesino en serie que confesó múltiples secuestros en todo el Medio Oeste, también fue investigado. Se sabía que Hall viajaba a la zona de Springfield, pero ninguna prueba concreta lo vinculó a la casa de Delmar Street.
Lo que hace tan escalofriante este caso
La mayoría de las desapariciones dejan algo atrás. Un testigo. Una transacción. Un cuerpo. Las Tres de Springfield no dejaron nada. Tres mujeres desaparecieron de una casa con la puerta cerrada con llave en un barrio habitado, y ningún vecino escuchó un solo ruido. Nadie vio ningún vehículo. Ninguna prueba forense apuntaba a un autor concreto.
La falta de evidencias físicas apunta a una planificación cuidadosa por parte de alguien que conocía la casa y a sus ocupantes. El hecho de que las tres mujeres fueran llevadas simultáneamente, al parecer sin resistencia, implica el uso de un arma o la participación de varios agresores. Los bolsos y los coches intactos descartan una marcha voluntaria.
Quizá lo más inquietante sea el momento elegido. Quien se llevó a esas mujeres sabía que la noche de graduación proporcionaría cobertura. Los padres esperaban que sus hijos llegaran tarde a casa. Las amigas daban por supuesto que los planes podrían cambiar. La ventana de vulnerabilidad era estrecha, y alguien la aprovechó con una precisión escalofriante.
Tres décadas de silencio
La madre de Sherrill Levitt, que pasó los últimos años de su vida buscando respuestas, falleció en 2017 sin obtenerlas. Los padres de Stacy McCall han soportado décadas de incertidumbre, una crueldad particular que los expertos afirman que suele ser peor que la pérdida confirmada.
El Departamento de Policía de Springfield mantiene un expediente activo del caso. En 2019 anunciaron que los avances en tecnología del ADN habían abierto la posibilidad de reexaminar las pruebas antiguas. Pero sin cuerpos, sin una escena primaria del crimen y sin una confesión, el camino por delante sigue siendo incierto.
La casa de East Delmar Street sigue en pie. Ha cambiado de manos varias veces, y cada nuevo propietario hereda el peso de su historia. Los vecinos aún la miran de reojo al pasar, recordando aquella mañana de verano en que tres mujeres desaparecieron y se llevaron consigo la tranquilidad de Springfield.
Si dispone de información sobre la desaparición de Sherrill Levitt, Suzanne Streeter o Stacy McCall, póngase en contacto con el Departamento de Policía de Springfield o con la oficina de campo del FBI en Kansas City. Alguien, en algún lugar, sabe lo que ocurrió la noche del 6 de junio de 1992.
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