
Desclasificado: Acoustic Kitty, la gata espía de la CIA
La CIA habría gastado millones de dólares en conectar quirúrgicamente a una gata a un dispositivo de escucha. Esto es lo que documenta realmente el expediente desclasificado sobre Acoustic Kitty.
En algún rincón de la Dirección de Ciencia y Tecnología de la CIA, en los años en que la agencia también drogaba con LSD a sujetos que lo ignoraban y probaba puros explosivos, un equipo de ingenieros decidió que el dispositivo de escucha encubierto ideal era un gato doméstico. No un aparato disfrazado de gato. Un gato de verdad, modificado quirúrgicamente para portar uno.
El programa, según se ha sabido, se llamó Acoustic Kitty, y para tratarse de una historia con un remate tan manido, el expediente desclasificado que hay detrás es más escueto, más extraño y considerablemente más burocrático de lo que sugiere la versión popular.
El secreto
Acoustic Kitty formaba parte de una corriente más amplia que recorría los servicios técnicos de la CIA en la década de 1960: un apetito por conceptos de vigilancia exóticos basados en animales que hoy se leen a partes iguales como ingeniosos y desquiciados. Los archivos desclasificados de la agencia describen otros esfuerzos de la misma época, entre ellos el trabajo con palomas adiestradas y, por separado, la pequeña libélula robótica "insectóptero" que más tarde se expuso al público en el Museo de la CIA. Los gatos encajaban en una fantasía operativa evidente: un animal que ya merodea junto a ventanas, portales y cafés al aire libre sin despertar sospechas, vigilancia prácticamente invisible en una especie que la gente ya ignora por costumbre.
El programa estaba clasificado por las mismas razones que la mayoría de los proyectos técnicos de la Guerra Fría: cualquier indicio del método permitiría a la contrainteligencia soviética limitarse a vigilar la señal delatora, fuera cual fuese, y además reconocer callejones sin salida técnicos fallidos o extravagantes se consideraba en sí mismo perjudicial para la credibilidad de la agencia.
Orígenes
Según el relato más repetido en reportajes posteriores, procedente de una entrevista de 2001 a un antiguo agente de la CIA llamado Victor Marchetti que había trabajado en el área de ciencia y tecnología de la agencia, Acoustic Kitty comenzó a principios o mediados de los años sesenta como un intento de resolver un problema concreto de escucha: acercar un micrófono lo suficiente a una conversación que tenía lugar al aire libre o en un lugar demasiado sensible para colocar un micrófono oculto fijo.
El memorando desclasificado de 1967, entregado en forma censurada al National Security Archive, confirma que existió un esfuerzo de vigilancia acústica felina y que llevaba en marcha un período que el documento describe en años, no en meses. No identifica a los agentes implicados ni detalla cada paso técnico, ya que buena parte del material relacionado sigue retenido o, según se dice, fue destruido, pero trata el programa como una empresa técnica seria y financiada, no como un rumor o una broma que hubiera circulado de manera informal dentro de la agencia.
La operación
La versión más repetida de los hechos sostiene que los ingenieros implantaron un micrófono en el canal auditivo de la gata, un pequeño transmisor de radio en la base del cráneo y una fina antena de alambre entretejida en su pelaje a lo largo de la cola, con un paquete de baterías situado en su cavidad corporal. Los relatos varían en cuanto al número exacto de intervenciones quirúrgicas que esto requirió y a cómo se esperaba alimentar y monitorizar al animal sobre el terreno, y no se ha publicado ningún esquema o registro quirúrgico desclasificado que confirme los detalles con ese nivel de precisión.
Lo que sí describe el memorando desclasificado es un obstáculo de adiestramiento fundamental que terminó por condenar el concepto: no se puede dirigir de forma fiable a un gato para que se acerque, permanezca cerca y guarde silencio en torno a un objetivo humano concreto durante el tiempo que requeriría una operación de inteligencia. Los gatos sienten hambre, curiosidad, se distraen con facilidad ante cualquier movimiento cercano y, por naturaleza, no muestran ningún interés en seguir órdenes de ningún tipo. Los esfuerzos de adiestramiento que, según se cuenta, intentaron superar esto, incluidos intentos de condicionar el hambre y la atención del animal hacia un objetivo, se recuerdan en relatos de segunda mano como difíciles y solo parcialmente exitosos.
El elemento más famoso de la historia, que la gata modificada fue soltada cerca de la embajada soviética en Washington para una prueba real y que un taxi la atropelló y mató a los pocos instantes de dejarla libre en la calle, procede enteramente del relato de segunda mano de Marchetti y no del memorando desclasificado. Es el detalle con el que arranca cada versión de la historia porque constituye un final completo, casi novelesco, pero conviene ser precisos respecto a su origen: ningún documento publicado de la CIA narra esa prueba concreta al aire libre ni su desenlace. La afirmación debe tratarse como la versión más repetida de los hechos, no como un hecho documentado.
La filtración
Durante décadas, Acoustic Kitty existió solo como un rumor sin confirmar dentro de un pequeño círculo de aficionados a la historia de la inteligencia, y afloraba ocasionalmente en libros sobre los excesos de la CIA durante la era del Comité Church, cuando el Congreso dedicó buena parte de mediados de los años setenta a investigar abusos de la agencia que iban desde planes de asesinato hasta vigilancia interna. Como buena parte del trabajo más experimental de la dirección técnica de aquella época se destruyó de forma informal o nunca se procesó del todo para su archivo, Acoustic Kitty carecía de un rastro documental al que periodistas o historiadores pudieran remitirse directamente.
Eso cambió en 2001, cuando el National Security Archive, un grupo de investigación no gubernamental que presenta solicitudes sistemáticas de acceso a registros públicos para obtener material desclasificado, consiguió y publicó un memorando de la CIA de 1967 muy censurado que trataba el programa de escucha felina. La difusión del memorando no vino acompañada de nuevas fotografías, diagramas quirúrgicos ni un relato completo de la historia del proyecto. Confirmó, en el lenguaje interno seco propio de la agencia, que el esfuerzo había existido, que había absorbido años de trabajo técnico y que se había evaluado y finalmente descartado por poco práctico, un grado de confirmación modesto comparado con el detalle vívido que ya circulaba en las versiones populares, pero significativo precisamente porque sacó a Acoustic Kitty del terreno del folclore de espías imposible de verificar y lo situó en el registro desclasificado, por escaso que este sea.
Lo que dicen los archivos
El veredicto del propio memorando desclasificado es llamativamente poco glamuroso. No describe un único fracaso dramático sobre el terreno. Describe un programa que se prolongó unos cinco años, que acumuló un esfuerzo técnico real y que los propios científicos de la agencia evaluaron como poco probable que produjera una herramienta operativa viable, dada la dificultad práctica de dirigir el comportamiento de un animal con la fiabilidad necesaria para un uso de inteligencia. Es una conclusión burocrática mundana, del tipo al que se llega sobre prototipos fallidos en todos los organismos del gobierno, y encaja de forma extraña junto a la versión mucho más teatral de la historia que ha circulado durante un cuarto de siglo.
Lo que sigue siendo genuinamente inconfirmado es casi todo lo relativo a la mecánica concreta del programa y a su desenlace: los detalles quirúrgicos, la cifra de coste de unos veinte millones de dólares que se suele citar, y la anécdota del atropello por taxi que da a la historia su remate sombrío, todo se remonta al recuerdo de segunda mano de Marchetti y no a ningún documento publicado. La CIA nunca ha hecho pública una versión completa y sin censurar del programa, y es plausible que sigan existiendo más detalles en archivos que fueron destruidos, extraviados o simplemente nunca desclasificados, un destino habitual del material de la dirección técnica de aquella época. Ningún documento publicado confirma ni desmiente la historia del taxi; sobrevive únicamente como tradición oral institucional, repetida tantas veces que se ha convertido en el desenlace aceptado con independencia de que el rastro documental lo respalde realmente.
Acoustic Kitty perdura en el imaginario popular menos porque el expediente desclasificado sea rico que porque la idea en sí, un gato doméstico vivo conectado a un dispositivo de escucha encubierto, se sitúa exactamente en la intersección entre la paranoia de la Guerra Fría y la comedia involuntaria que hace que la historia de la CIA resulte tan duraderamente extraña. El propio veredicto interno de la agencia, enterrado en un seco memorando de 1967, es mucho menos colorido que la leyenda: años de esfuerzo, un presupuesto real y un animal que sencillamente no iba a hacer lo que se le ordenaba, la misma lección que millones de dueños de gatos corrientes podrían haber ofrecido gratis.
Respuestas rápidas
Preguntas frecuentes sobre este tema
¿Fue Acoustic Kitty un proyecto real de la CIA?
Sí. Un memorando desclasificado de la CIA de 1967, difundido de forma censurada en 2001, confirma que existió un programa de vigilancia felina dentro de la Dirección de Ciencia y Tecnología de la agencia, y describe años de trabajo dedicados a adaptar a una gata para que portara equipo de escucha.
¿De verdad atropelló un coche a la gata en su primera misión?
Este es el detalle más repetido, procedente de un relato de segunda mano de un antiguo agente de la CIA y no de un documento desclasificado, y ningún archivo publicado lo confirma directamente. El memorando desclasificado apunta en cambio a problemas de comportamiento más mundanos, sobre todo el hambre y la falta de concentración del animal, como la razón por la que el planteamiento se consideró inviable.
¿Cuánto costó Acoustic Kitty?
Se cita ampliamente una cifra de unos veinte millones de dólares, que se remonta al mismo relato de segunda mano y no a un presupuesto desclasificado detallado. El memorando difundido confirma que el programa se prolongó unos cinco años, pero no desglosa un coste total.
¿Por qué abandonó la CIA el proyecto?
Según el memorando desclasificado, la gata concreta modificada quirúrgicamente que se usó en la única prueba al aire libre no podía dirigirse de forma fiable ni mantenerse centrada en un objetivo, y los propios científicos de la agencia concluyeron que entrenar a un animal para que se acercara de manera constante y permaneciera cerca de un sujeto de escucha no era práctico para un uso operativo.
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