
Orígenes: cuándo se inventó el periódico
La historia del periódico abarca 2.000 años: desde los boletines grabados en piedra de César hasta los avvisi manuscritos de Venecia y el primer periódico impreso de Estrasburgo en 1605.
La historia popular del periódico suele comenzar en algún punto del siglo XV con Johannes Gutenberg y la imprenta de tipos móviles. Es un punto de partida razonable. La imprenta fue la tecnología habilitadora que hizo económicamente viable la distribución masiva de noticias. Pero el periódico como institución —una publicación regular, editada, con varios artículos sobre la actualidad y dirigida a un público que paga— tardó otros 150 años en aparecer después de Gutenberg, y sus raíces se remontan mucho más atrás.
La pregunta de quién inventó el periódico se complica porque «periódico» fusiona varias ideas distintas: publicación regular, múltiples noticias, accesibilidad pública e independencia comercial. Los distintos candidatos al título de «primero» cumplen diferentes combinaciones de estos criterios. La historia no es un momento de invención único, sino un lento ensamblaje de piezas.
Roma: el tablón de anuncios como proto-noticia
El servicio público de información periódica más antiguo del que tenemos constancia histórica es romano. En el año 59 a. C., Julio César, recién nombrado cónsul, ordenó la creación de las Acta Diurna —los «actos diarios» o «hechos cotidianos»—. Eran resúmenes oficiales de los debates del Senado, los nombramientos públicos, los despachos militares, las resoluciones judiciales, los nacimientos, las defunciones, los divorcios y los hechos notables, grabados o pintados sobre tablones de piedra o madera blanqueada y expuestos en lugares destacados de Roma, generalmente en el Foro.
Las Acta Diurna se producían a diario cuando el Senado estaba en sesión y permanecían expuestas al público antes de ser archivadas en un lugar donde los ciudadanos podían solicitar acceso. Las copiaban escribas privados llamados actuarii, que elaboraban resúmenes manuscritos —denominados acta o commentarii— para los romanos adinerados que vivían fuera de la ciudad o en provincias y pagaban por un servicio de suscripción que recibían por mensajero. Esto es, sorprendentemente, ya algo muy próximo a un modelo primitivo de distribución.
Lo que les faltaba a las Acta Diurna era independencia editorial. César las creó en parte para romper el monopolio del Senado sobre la información política y hacer llegar directamente al pueblo su propio mensaje populista. No había un editor que eligiera entre noticias en competencia, ni comentario alguno, ni separación entre el pronunciamiento oficial y la observación independiente. Las Acta eran un boletín gubernamental, no un periódico. Pero establecieron algo importante: la idea de que el público tenía un derecho regular y legítimo a la información sobre los asuntos de actualidad.
Las Acta Diurna continuaron tras la muerte de César y aparecen en textos romanos al menos hasta el siglo IV d. C. Cuando el Imperio Romano de Occidente se derrumbó, desapareció también la infraestructura que las producía.
China: la gaceta imperial
Mientras Roma colocaba boletines en piedra, el sistema imperial chino desarrollaba de forma independiente un modelo diferente de circulación periódica de información. La Di Bao, traducida a menudo como «informe de la corte» o «gaceta imperial», distribuía entre los funcionarios del gobierno resúmenes escritos de los edictos imperiales, los nombramientos oficiales y los asuntos de la corte al menos desde la dinastía Tang, con indicios de prácticas similares que podrían remontarse incluso antes.
La Di Bao no era un periódico público. Era una publicación gubernamental restringida que circulaba entre los funcionarios que necesitaban conocer las decisiones imperiales relevantes para sus cometidos administrativos. El ciudadano de a pie no la recibía ni la compraba. Durante la dinastía Song (960-1279 d. C.), impresores privados emprendedores comenzaron a producir copias no autorizadas y resúmenes ampliados de la Di Bao para un público más amplio de lectores alfabetizados, lo que generó objeciones oficiales y represiones periódicas.
Esta tensión —entre la gaceta oficial que circulaba entre la élite y el resumen no autorizado vendido a quien quisiera comprarlo— es una de las dinámicas recurrentes en la historia temprana de los medios de comunicación en todas partes. La información tiene valor económico. Siempre habrá alguien que encuentre la manera de venderla.
Venecia: el pliego de noticias manuscrito
La Venecia del siglo XVI era la ciudad más saturada de información de Europa. Su posición como principal centro comercial del Mediterráneo significaba que mercaderes y funcionarios necesitaban inteligencia fiable y actualizada sobre las condiciones de cada mercado en el que operaban: los precios en Alejandría, la estabilidad política en Constantinopla, los movimientos navales en el Adriático.
A partir de la década de 1530 y 1540, Venecia había desarrollado una red de escritores profesionales de noticias llamados novellanti o menanti, que recababan información, la redactaban en forma manuscrita y vendían suscripciones a ricos mercaderes, nobles y embajadores extranjeros. Estos pliegos de noticias manuscritos circulaban semanalmente o con mayor frecuencia, y cubrían noticias comerciales, evoluciones diplomáticas, hechos militares y cotilleos de la corte de toda Europa y el mundo otomano.
Los pliegos recibían el nombre de notizie scritte o avvisi, es decir, «avisos escritos». El precio de un pliego era, según se dice, una gazetta —una pequeña moneda veneciana de escaso valor—, que es de donde proviene la palabra «gaceta». La primera vez que la palabra aparece en inglés, es un préstamo del italiano que lleva consigo el recuerdo de un vendedor de noticias veneciano regateando por una moneda de cobre.
Los avvisi venecianos eran sofisticados. Los mejores ejemplos muestran una selección editorial clara, un formato coherente de un número a otro y una combinación de corresponsales extranjeros que enviaban despachos por las rutas postales que cruzaban Italia. Lo que les faltaba era la imprenta. Cada ejemplar era manuscrito, lo que limitaba la tirada e introducía errores de copia. Eran caros y difíciles de escalar.
Estrasburgo, 1605: el primer periódico impreso
Johann Carolus era un impresor y empresario informativo en Estrasburgo que llevaba varios años gestionando un servicio de boletines manuscritos para sus suscriptores —exactamente el modelo veneciano— antes de 1605. La logística de la copia a mano limitaba su negocio. A finales de 1604 o principios de 1605, convirtió su operación a la imprenta utilizando su prensa y sus tipos existentes.
El resultado fue la «Relation aller Furnemmen und gedenckwurdigen Historien» —«Relación de todas las historias distinguidas y memorables»—, publicada semanalmente desde 1605. El ejemplar superviviente más antiguo data de ese año. Contenía noticias recabadas de varias ciudades europeas, escritas en alemán, impresas con un formato coherente de un número a otro y vendidas públicamente.
Carolus presentó una petición al ayuntamiento de Estrasburgo en 1605 para obtener el monopolio de la publicación de periódicos en la ciudad, argumentando que su innovación había creado un nuevo tipo de publicación. La decisión del ayuntamiento que reconoce su petición es uno de los documentos que acreditan la Relation como el primer periódico impreso.
Una candidatura rival corresponde al Avisa Relation oder Zeitung, publicado en Wolfenbüttel o Augsburgo por las mismas fechas (la datación exacta sigue siendo objeto de disputa entre los historiadores de la prensa). Ambas publicaciones representan el mismo momento: la conversión del servicio de noticias manuscrito ya existente en un producto impreso, con periodicidad regular y disponible para cualquier comprador.
La difusión y las prohibiciones
Una vez que el modelo existió, se replicó con rapidez. En 1620, ya funcionaban periódicos impresos en varias ciudades alemanas y neerlandesas. El primer periódico en lengua inglesa apareció en Ámsterdam en 1620, dirigido a comerciantes expatriados. Londres tuvo su primer periódico doméstico en 1621.
Lo que vino después siguió el mismo patrón que las prohibiciones de las casas de café de la misma época. Los gobernantes intentaron suprimir los periódicos casi en cuanto aparecieron. En la mayor parte de los grandes estados europeos se intentaron, en distintos momentos del siglo XVII, monopolios, oficinas de censura, requisitos de licencia y prohibiciones directas. La República Holandesa fue la notable excepción, tolerando la libertad de prensa con mayor coherencia que sus vecinos, lo que explica en parte que Ámsterdam se convirtiera en la capital europea del periodismo a mediados del siglo XVII, produciendo periódicos para mercados extranjeros que sus propios gobiernos habían prohibido.
La Ley de Licencias inglesa, que exigía la aprobación gubernamental para todas las publicaciones, expiró en 1695 y no fue renovada, menos por convicción principista en favor de la libertad de prensa que por indiferencia parlamentaria y la imposibilidad práctica de hacerla cumplir. El resultado fue una rápida expansión del mercado periodístico londinense a principios del siglo XVIII. En 1750, Londres contaba con más de una docena de periódicos; los cafés de la ciudad servían como salas de lectura informales donde un solo ejemplar pasaba por docenas de manos.
El mito del inventor único
Cualquier relato sobre los orígenes del periódico acaba topando con el problema de que nadie lo inventó en solitario. Carolus codificó un servicio ya existente en un nuevo formato. Los escritores de avvisi venecianos desarrollaron el modelo editorial antes de que la imprenta lo hiciera escalable. César institucionalizó el derecho del público a la información antes que cualquiera de ellos. La Di Bao china estableció la tecnología de la publicación escrita periódica siglos antes que Europa.
Lo que representa el Estrasburgo de 1605 no es una invención sino una cristalización: el momento en que suficientes componentes —una imprenta, un mercado urbano alfabetizado, rutas postales establecidas y una red de captación de noticias— coincidieron en un mismo lugar para producir algo reconociblemente moderno. La palabra «periódico» —en inglés, newspaper— es una acuñación inglesa del siglo XVII. La cosa en sí se fue ensamblando a lo largo de dos mil años.
Para más historias sobre orígenes, consulta Orígenes: la invención de la imprenta y Orígenes: la historia del reloj.
Respuestas rápidas
Preguntas frecuentes sobre este tema
¿Cuál fue el primer periódico?
El primer periódico impreso se identifica generalmente con la 'Relation aller Furnemmen und gedenckwurdigen Historien', publicada por Johann Carolus en Estrasburgo en 1605. Aparecía semanalmente, recogía noticias de varias ciudades y mantenía un formato coherente de un número a otro. Los candidatos anteriores, incluidos los boletines romanos grabados en piedra y los pliegos manuscritos venecianos, carecen de uno o más de los rasgos definitorios que distinguen un periódico de un tablón de anuncios o un servicio de cartas privadas.
¿Qué eran las Acta Diurna?
Las Acta Diurna eran boletines oficiales diarios de Roma ordenados por Julio César en el año 59 a. C. Grabados o pintados en piedra o madera y expuestos en lugares públicos de Roma, recogían los debates del Senado, las resoluciones judiciales, los despachos militares, los nombramientos públicos, los nacimientos, las defunciones y los hechos notables. No eran periódicos en el sentido moderno —carecían de editor, de tirada y de selección editorial—, pero sentaron el principio de que el público tenía un acceso regular y legítimo a la información sobre la actualidad.
¿Cuándo apareció el primer periódico en Inglaterra?
El primer periódico en lengua inglesa apareció en Ámsterdam en 1620, impreso para una comunidad de expatriados angloparlantes. El primer periódico publicado en Inglaterra propiamente dicha fue el Weekly Newes, editado en Londres en 1621. La London Gazette, que nació como Oxford Gazette en 1665, es el periódico de publicación ininterrumpida más antiguo del mundo angloparlante que sigue en activo.
¿Por qué se inventó el periódico en Europa y no en China?
China contaba con la Di Bao, una gaceta cortesana que circulaba entre los funcionarios al menos desde la dinastía Tang (siglos VII-X d. C.), lo que la convierte en la publicación periódica de información más antigua del mundo. Sin embargo, la Di Bao no era un periódico público: circulaba únicamente entre los funcionarios del gobierno y no se vendía ni estaba al alcance del ciudadano común. El periódico público tal como lo entendemos —vendido comercialmente, con redacción independiente, accesible para cualquier comprador— surgió de la confluencia de la imprenta, la cultura comercial urbana y una clase mercantil alfabetizada que Europa desarrolló en los siglos XVI y XVII.
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