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El Asunto del Collar de Diamantes: la estafa que ayudó a condenar a María Antonieta
4 jul 2026Escándalos reales7 min de lectura

El Asunto del Collar de Diamantes: la estafa que ayudó a condenar a María Antonieta

Una firma falsificada, una cita nocturna inventada y un collar que ella jamás tocó: la estafa que convenció a Francia de que su reina era culpable.

Un cardenal de la Iglesia católica fue arrestado en Versalles en agosto de 1785, ante toda la corte reunida, todavía vestido con los ornamentos litúrgicos que pensaba llevar para oficiar misa. La acusación sonaba casi demasiado extraña para ser real: intentar estafar a la reina de Francia el collar más caro jamás ensamblado por un joyero parisino. La orden la dio el propio Luis XVI.

Y aquí está la parte que hizo que todo el asunto resultara tan explosivo. La reina nunca había visto el collar. Nunca lo había pedido, nunca había aceptado su entrega, y no supo que existía una trama que usaba su nombre hasta meses después de que todo se hubiera desmoronado. María Antonieta era, según todos los documentos que se conservan, la única persona en todo el escándalo que no había hecho nada malo. Y aun así, casi acaba con ella.

La corte

Hacia mediados de la década de 1780, la reputación de María Antonieta en Versalles ya era frágil. Había llegado desde Austria siendo apenas una adolescente, había tardado años en dar un heredero al trono y gastaba con largueza en moda, juego y en su retiro privado del Petit Trianon, mientras el precio del pan subía para la gente corriente. Los panfletistas la habían apodado "Madame Déficit", y grabados difamatorios que la acusaban de todo tipo de extravagancias imaginables circulaban por los cafés parisinos. Nada de aquello tenía todavía que ver con un collar. Pero era la yesca que el asunto del collar acabaría prendiendo.

La corona francesa, mientras tanto, se hundía en deudas, en parte por haber financiado la Revolución americana, y la corte funcionaba con una moneda de favores y acceso que importaba tanto como el dinero. Un cardenal caído en desgracia, una noble menor con un linaje inventado y tramposa por naturaleza, y un par de joyeros desesperados que tenían entre manos una fortuna en diamantes imposible de vender: todos, cada uno a su manera, perseguían lo mismo, un camino de vuelta al favor de la reina, o a su bolsillo.

Los protagonistas

El cardenal Louis de Rohan ocupaba uno de los cargos eclesiásticos más importantes de Francia, pero María Antonieta lo despreciaba. Años antes, siendo embajador francés en Viena, había escrito supuestamente comentarios poco halagadores sobre la madre de la reina, la emperatriz María Teresa, y la reina nunca se lo perdonó. Hacia 1785, Rohan estaba desesperado por recuperar su favor y, según varios testimonios, dispuesto a creerse casi cualquier cosa que se lo prometiera.

Entra en escena Jeanne de La Motte, una autoproclamada condesa que decía descender de una rama ilegítima de la antigua casa real de Valois y que vivía, pese al título, casi en la miseria. Se hizo amiga de Rohan y lo convenció de que era una confidente cercana y secreta de la reina. Según consta en el sumario del juicio, empezó a producir cartas, supuestamente escritas por María Antonieta, que mostraban un tono cada vez más cálido hacia el cardenal e insinuaban que ambos podrían reconciliarse pronto, si él demostraba su devoción con un favor discreto.

Dos joyeros de la corte parisina, Boehmer y Bassenge, tenían su propio problema: un collar de diamantes extraordinario, ensamblado originalmente para Madame du Barry, amante de Luis XV, que se quedó sin vender cuando el rey murió antes de completar la compra. Con un precio que algunos relatos sitúan cerca del millón y medio de libras, ya se le había ofrecido directamente a María Antonieta, quien, según se cuenta, lo rechazó por considerarlo una extravagancia innecesaria. Los joyeros seguían atrapados con él, y seguían buscando comprador.

El escándalo

Jeanne de La Motte le dijo a Rohan que la reina deseaba en secreto el collar, pero que no podía permitirse que la vieran comprando algo tan ostentoso, no cuando sus gastos ya eran un escándalo público. Necesitaba un intermediario de confianza que lo gestionara con discreción. Rohan, halagado y convencido, aceptó.

Para sellar su convicción, La Motte organizó un encuentro nocturno en los jardines de palacio, en una arboleda apartada, entre Rohan y una mujer a la que él creía la propia reina. La mujer era en realidad una dependienta parisina llamada Nicole Le Guay d'Oliva, elegida por su parecido pasajero con María Antonieta, vestida con un sencillo vestido blanco y aleccionada para entregar a Rohan una rosa y murmurar unas palabras que sugerían perdón. El encuentro apenas duró unos instantes, casi a oscuras, pero bastó. Rohan se marchó convencido de que la propia reina le había mostrado su favor.

Con esa confianza, Rohan negoció la compra en supuesto nombre de la reina, aceptando pagos a plazos y avalando personalmente la transacción. Entregó el collar a un hombre que creía el agente de la reina, en realidad un cómplice de los La Motte. El collar se desmontó casi de inmediato en piedras sueltas y se vendió por separado, parte de él supuestamente pasado de contrabando a Londres para su reventa.

Cuando venció el primer plazo y quedó sin pagar, Boehmer se inquietó lo suficiente como para plantear el asunto directamente a la reina. María Antonieta no tenía la menor idea de qué le hablaba. Nunca había encargado el collar, nunca lo había recibido y, desde luego, nunca había escrito las cartas que Rohan creía suyas. Las firmas falsificadas, se descubriría después, ni siquiera estaban bien hechas: rezaban "Marie Antoinette de France", un error que ninguna reina de Francia real habría cometido, ya que las reinas no firmaban con el apellido real. Nadie se había molestado en comprobarlo.

El rumor frente al sumario

Aquí es donde el registro documentado y el rumor parisino se separan de forma tajante, y distinguir entre ambos importa más que en casi cualquier otro punto de la historia.

El sumario, establecido a través del juicio del Parlamento de París en 1785 y 1786, demuestra que María Antonieta no tuvo contacto alguno con Rohan, La Motte ni los joyeros en relación con esta compra. Su inocencia no fue seriamente cuestionada ni siquiera por la acusación. Lo que el juicio sí estableció fue una conspiración dirigida casi por completo por Jeanne de La Motte, que utilizó cartas falsificadas y una impostora para manipular a un cardenal vanidoso y crédulo.

El rumor contaba una historia muy distinta, y se propagó más rápido de lo que ninguna corrección pudo alcanzar. Los parisinos que ya creían a la reina capaz de cualquier exceso encontraron fácil creer que en efecto había tramado hacerse con joyas en secreto, o algo peor, que el encuentro en el jardín insinuaba alguna relación ilícita con Rohan. Una vez que Jeanne de La Motte escapó de su reclusión y llegó a Londres, empeoró el rumor a propósito, publicando unas memorias cargadas de acusaciones inventadas y a menudo escabrosas sobre la vida privada de la reina. Los historiadores consideran esas memorias una invención deliberada de una estafadora condenada con todos los incentivos para mentir, no una prueba, aunque en su momento se devoraron por toda Europa como si fueran una confesión.

La cruel ironía, señalada prácticamente por todos los historiadores que han estudiado el caso, es que todo el plan dependía de que Rohan, y buena parte de París, encontraran plausible que la reina se comportara exactamente así: en secreto, con extravagancia y desafiando el decoro. El asunto no creó esa reputación. Confirmó una que ya estaba medio construida.

Las consecuencias

La decisión de Luis XVI de arrestar públicamente a un cardenal, el día de la Asunción y ante toda la corte, salió terriblemente mal. Garantizó un juicio sensacionalista en lugar de una resolución discreta, y expuso el propio criterio de la corona junto al de Rohan.

Cuando el Parlamento de París dictó su veredicto a finales de mayo de 1786, Rohan fue absuelto, con el razonamiento de que había sido completamente engañado y no era cómplice de fraude. Nicole Le Guay d'Oliva también fue absuelta, por participar sin saberlo en la trama. Jeanne de La Motte fue condenada, azotada y, según se cuenta, marcada a fuego con la letra V de "voleuse" (ladrona) en ambos hombros, para después ser encarcelada en la Salpêtrière. Un pintoresco ocultista llamado Cagliostro, a quien Rohan había consultado como asesor místico durante el asunto, fue juzgado junto a ellos y también absuelto, añadiendo un personaje más, extravagante, a un caso ya de por sí teatral.

Para María Antonieta, la absolución de Rohan fue el verdadero desastre. Un cardenal de Francia acababa de ser perdonado públicamente por creer que la reina era capaz de citas secretas nocturnas y tratos clandestinos con joyas, y buena parte de París coincidía en que esa creencia no había sido descabellada. Al año siguiente, Jeanne de La Motte escapó de la Salpêtrière disfrazada de hombre y huyó a Londres, donde sus memorias mantuvieron vivo el escándalo hasta las mismísimas vísperas de la Revolución. Murió allí en 1791, tras caer desde una ventana en circunstancias que nunca se aclararon del todo, ya fuera accidente, suicidio o alguna otra cosa.

A Napoleón Bonaparte, en memorias de su exilio registradas por sus compañeros décadas después, se le cita a menudo diciendo que la ruina de la reina debería fecharse desde este asunto y no desde nada que ella hubiera hecho realmente. Como muchas citas conservadas de segunda mano de los últimos años de Napoleón, sobrevive gracias a la memoria de otros y no a su propia pluma, pero el sentimiento coincide con la lectura que la mayoría de los historiadores hacen del episodio. María Antonieta salió del Asunto del Collar de Diamantes sin haber hecho nada, y aun así lo perdió casi todo.

Para saber más sobre cómo se construyó y luego se destruyó la reputación de la reina, consulta nuestro análisis histórico de la película Marie Antoinette de Sofia Coppola y nuestro relato de sus últimas horas antes de la guillotina.

Respuestas rápidas

Preguntas frecuentes sobre este tema

¿María Antonieta llegó a comprar realmente el collar de diamantes?

No. El sumario del juicio demuestra que nunca lo encargó, nunca lo recibió y que ya lo había rechazado años antes, cuando los joyeros se lo ofrecieron directamente. Toda la compra fue orquestada por una estafadora que falsificó la firma de la reina y suplantó a su servicio.

¿Se declaró culpable al cardenal de Rohan?

No. El Parlamento de París lo absolvió en mayo de 1786, dictaminando que había sido engañado y no que fuera cómplice. La absolución fue igualmente un desastre para la reina, porque implicaba que el tribunal consideraba plausible que ella organizara encuentros secretos en jardines y cartas a medianoche.

¿Qué fue de Jeanne de La Motte, la mujer detrás de la trama?

Fue condenada, marcada supuestamente a fuego en ambos hombros y encarcelada en la Salpêtrière. Escapó a Londres en 1787 disfrazada de hombre y publicó unas memorias repletas de acusaciones inventadas contra la reina. Murió en 1791 tras caer desde una ventana, en circunstancias que nunca quedaron del todo claras.

¿El Asunto del Collar de Diamantes contribuyó realmente a provocar la Revolución Francesa?

Los historiadores discrepan sobre cuánto peso directo darle, pero la mayoría coincide en que causó un daño duradero. A menudo se cita a Napoleón, en memorias registradas décadas después, diciendo que la caída de la reina debería fecharse desde este asunto, aunque ella fuera completamente inocente.

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